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Movimiento
bertsolarístico Historia
La
primera actuación
La
primera actuación
Fernando
Amezketarra cinceló dos bertsos en la memoria de los aficionados
que asistieron a una de sus actuaciones en Azpeitia en 1799, pero
dos años más tarde, unos bertsos quedaron profundamente
grabados en la memoria del pueblo de Villabona. Cuentan que se reunieron
4.000 personas para presenciar la dialéctica de Zabala y
Txabalategi. El alcalde situó dos escenarios, uno próximo
del otro, en el centro de la plaza. Había cinco onzas de
oro en juego; Txabalategi presentó al sacristán de
Aizarnazabal como juez, Zabala a su paisano el famoso Fernando Amezketarra
y el alcalde de Villabona dispuso que el cura Jose Mendizábal
fuera el voto decisorio. Sin embargo, mucho no pudo decidir, no
más que el
primer empate en un desafío de bertsolaris (he ahí
el motivo para recordar la actuación). La mayoría
de los bertsos que han perdurado de aquella actuación son
zortziko y bederatziko menores. El conocimiento y destreza técnica
de los bertsolaris de esta época es impresionante. La métrica
estrecha no es problema para ellos, fornidos de abundantes rimas.
A
lo largo de las primeras cuatro décadas del siglo XVIII,
las pujas entre bertsolaris fueron comunes en muchos pueblos. Las
autoridades de los municipios mostraban dos posturas en torno a
los bertsos: algunos pueblos guipuzcoanos organizaron varios desafíos,
mientras que otros multaban y castigaban cualquier actuación.
No solo las posturas, la situación variaba mucho en todo
el País Vasco: La oralidad subsistía gracias a las
coplas en Bizkaia y en el norte de Araba; Zuberoa unía pueblos
y pueblos en las pastorales; en Navarra y gran parte de Araba el
Romancero absorbió toda expresión improvisada; y desde
el este de Bizkaia hasta Lapurdi y Navarra, protegido de las culturas
foráneas, el bertsolarismo encontró el ecosistema
más apropiado para su desarrollo.
Aun
así, la expansión de dicho ecosistema fue mucho más
amplia de la que se piensa. Por ejemplo, Bautista de Gamiz dejó
varios escritos entre los siglos XVII y XVIII, o los bertsos escritos
por el carlista Ceferino Lopez de Ilarraza, encontrados con otros
bertsos anónimos en Araia.
Fernando
Amezketarra (1754-1823), Zabala, Txabalategi e Izuela (1780-1837)
son los bertsolaris más conocidos en esta época. Pastor
Izuela, entre varias facultades improvisatorias, poseía una
memoria inigualable. Según cuentan las historias de la historia,
una vez Izuela cantó tan bien como lo hizo su oponente. Así
lo decidió el jurado quien en vistas de obtener un solo ganador,
solicitó a los bertsolaris que repitieran los mismos bertsos
cantados. Pastor Izuela fue capaz de recordar los cincuenta bertsos
que había improvisado anteriormente. Se sitúa en esta
época también la primera evidencia del bertsolarismo
navarro, gracias a un bertso de Martin Olaetxea en 1830. En cualquier
caso, el bertsolarismo navarro no se presentará oficialmente
hasta 1936 para participar en el campeonato del País Vasco.
El
bertsolari de esta época no está escolarizado, ni
tiene ningún tipo de estudios: la escritura le resulta tan
lejana como la lectura. Solo se conocen bertsolaris de campo, agricultores
que se expresan en lenguaje popular y que hablan de la humildad
de su pueblo y sus paisanos.
Las
menciones más antiguas

Reivindicaciones e innovaciones |
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| Unos
bertsos quedaron profundamente grabados en la memoria del pueblo
de Villabona. |
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| A
lo largo de las primeras cuatro décadas del siglo XVIII,
las pujas entre bertsolaris fueron comunes en muchos pueblos. |
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