AUTORES

 

INTRODUCCIÓN

 

I. REALIDAD SOCIOCULTURAL DEL BERTSOLARISMO ACTUAL

 

II. EQUILIBRIOS Y RETOS DEL BERTSOLARISMO. CLAVES DE UNA VIVENCIA CREATIVA DE LA TRADICIÓN

 

III. EL PROCESO DE CREACIÓN DEL BERTSO IMPROVISADO

1. Aspectos formales

2. Estrategia principal en la elaboración del bertso improvisado

2.1. Estrategia general: el veneno en la cola

2.2. Ejemplo práctico-1: "El dilema de las drogas de diseño"

2.3. Excepciones varias

a) Condicionantes internos

b) Condicionantes externos

3. La controversia, alma del bertsolarismo improvisado


IV. PROPUESTA DE MARCO TEÓRICO

 

V. GLOSARIO

A | Condicionantes internos

• La primera de las excepciones a la estrategia general, se refiere a la imposibilidad del propio improvisador de encontrar una argumentación cualquiera en un intervalo de tiempo razonable. Le han propuesto un tema en solitario o está en controversia con otro compañero. Pasa el tiempo y no encuentra, bien por falta de capacidad, bien por falta de concentración, ninguna argumentación suficiente. El tiempo corre. El público se impacienta. El improvisador no es capaz de buscar nuevos razonamientos ni quiere repetir razonamientos tópicos y ya utilizados. Sigue pasando el tiempo... Y aunque no haya ninguna ley tácita sobre el número de segundos establecidos para comenzar con la contestación, el improvisador sabe que ha de comenzar. No tiene final y ha de comenzar... Es uno de los casos en los que la estrategia habitual no funciona. Es una especie de “salto al vacío”. Empezar sin tener una idea clara de a donde ir.
Es una situación en la que todo improvisador se ha encontrado en más de una ocasión. El público no sabe que el improvisador ha comenzado sin una idea concreta del final de su estrofa. El improvisador intentará que la estrofa sea suficientemente bien construida como para que el público no se de cuenta incluso concluida la estrofa de las zozobras que ha pasado. Sin embrago es muy difícil arribar a buen puerto en dichas condiciones. Construir sin planos lo es. Y planificar mientras se construye también. Aquí sí que el acto de improvisación es “puro”. Pero lo es no por que el improvisador así lo haya querido si no por su falta de capacidad para determinar un final antes de comenzar con la estrofa.
• Otra de las excepciones se da cuando la memoria falla. El improvisador ha pensado un final. Ha comenzado a cantar según la rima de ese final. Sabe a dónde quiere llegar. Va relativamente cómodo. Y en una décima de segundo se da cuenta de que no se acuerda del final que ha pensado unos segundos antes. Empieza a recordar, pero recordar no es sencillo mientras se está haciendo el esfuerzo de construcción de la estrofa. Si no logra rescatar de la memoria el segmento antes pensado, se verá obligado a improvisar incluso el final. Y es una pena. Por que ha malgastado los segundos iniciales “pensando” un buen razonamiento, que ahora tendrá que improvisar de forma repentina y difícilmente llegará a ser la calidad de lo improvisado del nivel de la calidad de lo pensado. Es un caso de utilización fallida de la estrategia habitual.
Hemos expuesto dos casos de construcción de estrofas atípicas. En ellas el equilibrio habitual entre “parte pensada” y “parte improvisada” se rompe por diferentes razones. Pero siempre se rompe a favor de la “parte improvisada”. Esto es: en los casos expuestos, por condicionantes internos del propio bertsolari, se improvisa más que en las estrofas construidas siguiendo la estrategia habitual.
• También se puede dar el caso contrario. El bertsolari construye la estrofa pensándola en su práctica totalidad y apenas improvisa a la hora de la puesta en escena. Este caso se puede dar en diferentes situaciones: salutaciones, ofrendas, estrofas de cumplimiento... En términos generales diríamos que en aquellos casos en los que existe tiempo suficiente como para “pensar” todo lo que se quiera y más.
Puede ser el caso del joven o la joven que por falta de autoconfianza “piensa” toda la estrofa antes de empezar a cantarla. O incluso del profesional que se encuentra en un acto (misa, mitin, homenaje...) en el que se dispone de tiempo para construir enteramente una o varias estrofas antes de salir ante el público.
Aquí, la “parte pensada” es infinitamente mayor a la “parte improvisada”. Y así lo percibe el público. Por lo tanto, la calidad misma de la estrofa ha de ser mayor lógicamente. Pero, paradójicamente, el riesgo también lo es. El bertsolari que en lugar de improvisar una estrofa conforme la va construyendo, la construye mentalmente y posteriormente la canta, se está arriesgando sobremanera. Y es que en el momento de la performance su esfuerzo mental se limita a recordar lo pensado y cualquier olvido mínimo puede hacer que la estrofa entera se tambalee dado que la fuerza mental del improvisador no está centrada en resolver los pequeños problemas que le vienen acaeciendo en cada momento. Como regla general y consejo habitual, se dice que la estrofa se construye mejor improvisándola conforme se va cantando.