|
I. REALIDAD SOCIOCULTURAL DEL BERTSOLARISMO ACTUAL
II. EQUILIBRIOS Y RETOS DEL BERTSOLARISMO. CLAVES DE UNA VIVENCIA CREATIVA DE LA TRADICIÓN
III. EL PROCESO DE CREACIÓN DEL BERTSO IMPROVISADO 2. Estrategia principal en la elaboración del bertso improvisado 3. La controversia, alma del bertsolarismo improvisado 3.1. Posibilidades estratégicas generales de la controversia 3.2. Ejemplo práctico-2: "El operario y el ama de casa" 3.3. Ejemplo práctico-3: "Discusión sobre la energía eólica" 3.4. Controversias sin tema impuesto
|
3.1 Posibilidades
estratégicas generales de la controversia No es sencilla
la forma de defender y atacar, argumentar y contestar a las argumentaciones
que se da en cualquier controversia. Diríamos
que tenemos tres tipos de formas de actuar: A
| Pensar una argumentación mientras el rival canta y recitarla
cante lo que cante el rival. La fórmula
A tiene el inconveniente de que se puede perder el hilo de la controversia.
Si siempre decimos aquello que queremos, sin seguir la línea argumental
del contrario, el discurso puede salir desgajado, roto... Y en el bertsolarismo
la controversia es en el fondo un acto de cooperación, aunque parezca
todo lo contrario. Difícilmente uno hará una gran actuación
si el otro lo ha hecho muy mal. Está
fórmula tiene la ventaja de que, al menos, expondremos nuestras
argumentaciones de manera nítida. La fórmula
B tiene el inconveniente de contar con poco tiempo para la respuesta.
Además en el caso de que la argumentación del rival sea
débil o fallida, nos encontraremos con que deberemos de buscar
nuestra propia argumentación dado que aquella no es susceptible
de respuesta alguna, con el agravante de que lo tenemos que hacer de forma
precipitada. Y si nos limitamos siempre a responder
pocas ideas
nuestras podremos aportar a la controversia. La trama avanzará
siempre en el terreno que nos imponga el rival. De todas
formas, siempre queda el recurso de pensar un argumento y luego desecharlo
por completo por decidir que más vale responder al rival aunque
sea de forma menos brillante, que con nuestra estrofa pensada antes de
oír su final. Un conocido bertsolari se quejaba de otro con el
que se enfrentaba en muchas controversias, porque este otro bertsolari
no se privaba de utilizar en su improvisación cualquier tipo de
argumento, fuera o no pertinente. El conocido bertsolari llegó
a afirmar que para cantar tres estrofas con ése, hace falta
pensar seis. En efecto: las tres que pensaba mientras el otro cantaba,
y las tres que efectivamente cantaba tras oír las argumentaciones
de su rival. Sin embargo
es esta fórmula la que posibilita las controversias de un más
alto nivel. Cuando dos improvisadores se enzarzan en una pelea dialéctica
de argumentación bien construida contra respuesta bien elaborada,
la controversia alcanza sus más altos niveles. La fórmula
C es quizás la más recurrida. Ni se canta lo anteriormente
pensado, ni se espera del todo a que el rival exponga su argumento. Se
conjugan ambas cosas. Se piensa mientras el rival canta y luego, según
lo que haya cantado el rival, se responde con lo pensado anteriormente
introduciendo al principio de la estrofa una especie de mini-respuesta.
La C es una fórmula que para el gran público se acerca
al B pero que para el experto o el protagonista no es más
que un A convenientemente disimulado. ¿Cuál
es la fórmula más acertada? Es difícil responder.
La más pura es la B, sin duda. Pero tiene el inconveniente
de que dos improvisadores raramente llegarán a hacer una controversia
con el siguiente esquema (contando que el que comienza siempre hace un
A, por que no tiene a quien responder). Un esquema
del tipo /A-B-B-B-B-B/ sería lo ideal, pero difícilmente
se responde y se argumenta en una sola estrofa. Y más difícilmente
a ésta le sigue otra estrofa de respuesta argumentada. Y así
sucesivamente. Aunque no
haya ninguna estrategia válida para todas las ocasiones, nos aventuraríamos
a aconsejar una. En una controversia en la que se han de cantar, pongamos
por caso 4 estrofas por cada parte, no estaría mal que una estrofa
fuera A, otra fuera C y un par de estrofas fueran B.
Así con la A aseguraríamos que en la controversia
se deje oír nuestra argumentación propia. Con las B
responderíamos a los argumentos del contrincante. Y con la C
haríamos un poco de ambas cosas. Y sin embargo
podrían perfectamente ser dos A, y dos B. Un A
y tres B
Como puede verse, no hay una única estrategia. Lo más
difícil a la hora de enfrentarse a una controversia es escoger
adecuadamente el momento de introducir un A o un B. Pongamos
el caso de que tenemos una idea brillante pensada mientras el rival canta.
Pero la idea del rival también ha sido brillante. Lo cual nos obliga
a reponderle con otra argumentación desechando la primera. Una
estrofa brillante irá al cesto del olvido, pues es muy posible
que nunca más se presente la ocasión de poder utilizarla.
En el caso
de que tengamos una idea brillante y la del rival no nos fuerce a responderle,
entonces podremos introducir nuestro A. Pero la decisión
ha de tomarse en décimas de segundo. Y no siempre se opta por lo
más adecuado. Al hablar
de controversia hemos tecnificado mucho su proceso. En realidad el improvisador
no funciona con A, B, C, ni conceptos teóricos de ningún
tipo. Actúa según sus instintos y su capacidad dialéctica
del momento. Además, la disección metodológica del
acto de la controversia vale más para controversias con tema impuesto
(campeonatos, festivales
) que para controversias sin tema impuesto. |