AUTORES

 

INTRODUCCIÓN

 

I. REALIDAD SOCIOCULTURAL DEL BERTSOLARISMO ACTUAL

 

II. EQUILIBRIOS Y RETOS DEL BERTSOLARISMO. CLAVES DE UNA VIVENCIA CREATIVA DE LA TRADICIÓN

 

III. EL PROCESO DE CREACIÓN DEL BERTSO IMPROVISADO

 

IV. PROPUESTA DE MARCO TEÓRICO

1. El callejón sin salida de la poética escrita

2. Encanto y desencanto de la teoría oralista

2.1. Oralidad en la escritura

2.2. Literatura en la oralidad

3. Un nuevo marco teórico para el bertsolarismo improvisado

 

V. GLOSARIO

2 Encanto y desencanto de la teoría oralista

Decíamos en el epígrafe anterior que, a la hora de analizar el bertsolarismo, se olvida muchas veces su carácter oral. Hemos intentado también mostrar las disfunciones que tal olvido comporta.

Ante la incapacidad de la poética escrita para dar cuenta del bertsolarismo, algunos analistas han querido ver en la teoría oralista el único método válido de análisis del bertsolarismo. Entendemos aquí por “teoría oralista” el conjunto de investigaciones derivadas directa o indirectamente de los estudios homéricos. Los orígenes de la teoría oralista propiamente dicha hay que buscarlos hacia 1928, fecha en la que de Milman Parry comienza a publicar sus estudios sobre Homero.

A esta teoría oralista se adscriben, más o menos ortodoxamente, investigadores de las más variadas disciplinas del saber, cuyos nombres más destacados son Adam Parry, Lord, Notopoulos, Havelook, Ong, Zumthor, Finnegan y otros.

En lo que a los estudios sobre literatura popular vasca se refiere, cabe señalar que el referente más directo e influyente es, sin duda, Walter J. Ong, cuya obra ha sido reiteradamente citada y parafraseada por casi todos los analistas. Junto a esta influencia principal, también la tradición antropológica francesa de Marcel Jousse(41) goza de gran predicamento entre los analistas de la literatura popular vasca, especialmente a través de Ives Beaupérin, discípulo del gran antropólogo francés.

El encanto que la teoría oralista produce a quien, viniendo de la tradición escrita, la descubre por primera vez es, sin duda, fácilmente entendible. Por otra parte, ese descubrimiento es imprescindible y beneficioso, en la medida en que nos descubre la existencia y el carácter diferenciado de la oralidad.

Más allá de ese descubrimiento, la teoría de la oralidad se revela como un instrumento poco eficaz para la investigación, debido a varias disfunciones, algunas de las cuales citaremos a continuación.
En primer lugar, y como señalan varios autores, la oposición entre oralidad y escritura no es tan radical como la teoría oralista pretende:

… las diferencias entre la expresión oral y la escrita, si bien son considerables, no son tan profundas como generalmente suele suponerse…(42)

…no hay una clara frontera entre literatura oral y escrita, y cuando uno intenta diferenciar una de otra —como tantas veces se ha hecho— ha de constatar que las interferencias son constantes.(43)

Desde nuestra experiencia investigadora del bertsolarismo improvisado, no podemos sino certificar la pertinencia de este punto de vista. Oralidad y escritura no son, como pretenden los oralistas, dos realidades excluyentes, sino que conviven, al menos en las sociedades modernas, en continua interacción.

La oposición en blanco y negro entre oralidad y escritura se revela inadecuada en cuanto se intenta aplicar a un objeto de estudio concreto. Como señala Scheunemann:

Ese constructo teórico —oralidad primaria, cultura escrita e impresa, oralidad secundaria— responde a un esquema cuasi bíblico. Me temo que —incluso dejando a un lado la escasa atención que le presta a la era de oralidad secundaria— es precisamente ese carácter bíblico la causa de la debilidad de la teoría.(44)

Aparte de este carácter cuasi bíblico de la teoría oralista en general, hay que constatar que su aplicación a las diversas manifestaciones de la literatura oral se ha hecho a menudo sin tener en cuenta la especificidad de cada una de esas manifestaciones orales:

Tenemos, pues, conceptos de oralidad y escritura que han sido elaborados de manera demasiado rígida y polarizados en forma de tipos ideales, lo cual no produce sino la desesperación de quienquiera que intente aplicar este conjunto de categorías a un determinado objeto de estudio, sea cual sea éste. Es así mismo indudable que las características y los efectos que se asignan a los diferentes modos de expresión cultural —bien sea la sabiduría de los contadores de historias de la cultura oral, bien la emergencia del individualismo y del nacionalismo como consecuencia de la escritura— no dejan de ser presunciones generales, faltas en todo caso de la pertinente investigación contextualizada que pudiera determinar qué papel desempeñan esos otros factores que, junto con la forma comunicativa dominante, dan sentido a los estudios culturales. (45)

Consejos entre campeones
Consejos entre campeones Foto: J. Gallego / Fuente: Ikastolen Elkartea