AUTORES

 

INTRODUCCIÓN

1. Antecedentes históricos. Mito y realidad del bertsolarismo improvisado

2. Transformación del bertsolarismo en el siglo XX: hegemonía del bertso improvisado

3. Objetivos de este libro

 

I. REALIDAD SOCIOCULTURAL DEL BERTSOLARISMO ACTUAL

 

II. EQUILIBRIOS Y RETOS DEL BERTSOLARISMO. CLAVES DE UNA VIVENCIA CREATIVA DE LA TRADICIÓN

 

III. EL PROCESO DE CREACIÓN DEL BERTSO IMPROVISADO

 

IV. PROPUESTA DE MARCO TEÓRICO

 

V. GLOSARIO

1 Antecedentes históricos.

Mito y realidad del bertsolarismo improvisado
Como bien señala Joxe Azurmendi(4):

Se da una curiosa contradicción. Por una parte, se ha creado gratuitamente un mito acerca de los orígenes del bertsolarismo, pretendiendo que data de tiempos inmemoriales; por otra parte, en estos vertiginosos tiempos en los que con tanto ardor se combaten todos los mitos, ha surgido un antimito tan gratuito como el mito que pretende combatir: que el bertsolarismo es en el País Vasco un fenómeno más bien moderno, que tendría su origen hacia el siglo XIX.(5)

Según Azurmendi, el mito de la procedencia inmemorial del bertsolarismo procede de Manuel Lekuona, primer estudioso del bertsolarismo y de otras manifestaciones de la literatura popular vasca. En la obra de Manuel Lekuona encontramos diversas referencias al carácter “neolítico” o “prehistórico” del bertsolarismo. Según Lekuona, los orígenes del bertsolarismo hay que buscarlos en la época del pastoreo. Afirma Azurmendi que todas las referencias posteriores a los orígenes remotos del bertsolarismo son deudoras del punto de vista expuesto por Manuel Lekuona. Aporta Azurmendi algunas citas al respecto, que pueden darnos una idea del tenor de las afirmaciones sobre los remotos orígenes del bertsolarismo. Así, por ejemplo, se afirma que “Cantan todos los vascos; canta el pueblo entero… desde las más lejanas épocas que la ciencia prehistórica logra penetrar, el vasco da muestras de su actividad poética”(6). Otra formulación corriente de la misma tesis es la que afirma que “el bertsolarismo es tan antiguo como el euskara mismo”(7).

El contramito, a su vez, tiene una considerable tradición entre nosotros. Por una parte, la lista de quienes han manifestado su reticencia —o incluso su desprecio— hacia el bertsolarismo es bien amplia y repleta de nombres ilustres: Federico Krutwig, los aranistas, Carmelo Echegaray, el mismo Orixe, o, más recientemente Luis Mari Mujika o Matias Mujika, por no mencionar más que algunos de los más afamados.

El caso es que, para cuando aparecen las primeras menciones documentadas del bertsolarismo (hacia finales del siglo XVIII), éstas se refieren a él como un fenómeno de considerable antigüedad y, lo que es más importante, el bertsolarismo aparece en estas primeras citas como un fenómeno de un alto grado de madurez en cuanto a las formas y con un arraigo social fuera de toda duda, a juzgar por las referencias a los desafíos de bertsolaris y a la transcendencia social que los bertsos compuestos ad hoc parecen tener en la época.

Luis Michelena, distanciándose por igual de los dos extremos, afirma que

La tradición [de los bertsolaris] es antigua, y se remonta por lo menos a las damas improvisadoras en verso del siglo XV de que nos hable Garibay(8).

J.M. Leizaola y otros estudiosos han mantenido también la misma opinión. Azurmendi, por su parte, aporta en su trabajo dos citas del Fuero Viejo de Vizcaya (puesto sobre el papel en 1452), que conviene tomar en consideración, pues se trata, sin duda, de las citas más antiguas sobre el bertsolarismo, y son prueba irrefutable de que, en fecha tan temprana como 1452, el bertsolarismo, o algunas de sus manifestaciones, eran algo tan común y arraigado como para merecer su prohibición expresa. Cita, en primer lugar, el título 35, Ley VI:

…de aquí adelante quando quier que alguno muere en Vizcaya o fuera de ella, por mar o por tierra, persona alguna de todo Vizcaya, Tierra llana, villas e ciudad no sea osado de hacer llanto mesándose los cabellos ni rasgando la cabeza, ni haga llantos cantando… so pena de mil maravedíes a cada uno que lo contrario hiciere por cada vez.

Aparte de estas “plañideras”, hay en el Fuero Viejo de Vizcaya una segunda mención, aún más significativa, de la improvisación cantada de la época. Es la que aparece en el título 8, Ley I:

En qué casos se puede proceder de Oficio, y prender, sin que se llamen los Delinquientes só el Arbol de Guernica. Primeramente, dixeron: Que havían Fuero… salvo sobre…y sobre Mugeres, que son conocidas por desvergonzadas, y rebolvedoras de vecindades, y ponen coplas, y cantares á manera de libelo infamatorio”.

El Fuero llama “profazadas” a estas mujeres que, con toda probabilidad, pueden considerarse como antecesoras directas de los bertsolaris actuales.

Con todo, la realidad es que, en el caso de estas mujeres improvisadoras, apenas podemos hacer otra cosa que constatar su existencia. Para encontrar un corpus bertsolarístico de cierto relieve, hay que remontarse hasta finales del siglo XVIII. El siglo XIX está mejor documentado, tanto en cuanto nombres y datos biográficos como en cuanto a las piezas conservadas. Sin embargo, se trata mayoritariamente de bertsos no improvisados (bertsos escritos / bertso jarriak). Se sabe, por referencias, que los bertsolaris que escribían estos bertsos acostumbraban también a improvisar, pero el número de bertsos improvisados de que disponemos es ciertamente escaso, y difícilmente puede decirse gran cosa sobre las características del bertso improvisado.

Sólo hacia mediados del siglo XX se generaliza el uso de las tecnologías de grabación, que permiten conservar —y posteriormente transcribir— fidedignamente los bertsos improvisados por los bertsolaris en sus actuaciones de plaza en plaza. Si bien suscribimos el punto de vista de Michelena, Leizaola y Azurmendi en cuanto a los orígenes del bertsolarismo improvisado, lo cierto es que, a la hora de investigar los modos de producción y el producto final de los bertsolaris improvisadores, sólo a partir de la década de los sesenta del siglo XX disponemos de un corpus de bertsos improvisados de cierta entidad. Lo anterior a dicha fecha es un compendio de fragmentos y anécdotas que difícilmente posibilitan una investigación cabal. Los bertsolaris considerados “clásicos” del bertsolarismo improvisado (Etxahun, Xenpelar y Bilintx en el siglo XIX; Kepa Enbeita, Txirrita, Pello Errota, Udarregi y otros a caballo entre el siglo XIX y el XX) fueron, según todos los indicios, grandes improvisadores, pero el estatus de que gozan dentro de la historia del bertsolarismo se debe, casi exclusivamente, a los bertsos escritos —o dictados, pero, en todo caso, no improvisados— que han llegado hasta nosotros. El hecho de que los bertsos que mayoritariamente componen el corpus creativo de estos bertsolaris clásicos sean “conceptualmente” orales (algunos de los bertsolaris clásicos citados no sabían escribir) no debe hacernos olvidar que, por su modo de producción, estos bertsos pertenecen a un género más afín a la literatura de cordel que al bertsolarismo improvisado.