|
1. Antecedentes históricos. Mito y realidad del bertsolarismo improvisado 2. Transformación del bertsolarismo en el siglo XX: hegemonía del bertso improvisado
I. REALIDAD SOCIOCULTURAL DEL BERTSOLARISMO ACTUAL
II. EQUILIBRIOS Y RETOS DEL BERTSOLARISMO. CLAVES DE UNA VIVENCIA CREATIVA DE LA TRADICIÓN
III. EL PROCESO DE CREACIÓN DEL BERTSO IMPROVISADO
IV. PROPUESTA DE MARCO TEÓRICO
|
1 Antecedentes
históricos. Mito y realidad
del bertsolarismo improvisado
Según
Azurmendi, el mito de la procedencia inmemorial del bertsolarismo procede
de Manuel Lekuona, primer estudioso del bertsolarismo y de otras manifestaciones
de la literatura popular vasca. En la obra de Manuel Lekuona encontramos
diversas referencias al carácter neolítico o
prehistórico del bertsolarismo. Según Lekuona,
los orígenes del bertsolarismo hay que buscarlos en la época
del pastoreo. Afirma Azurmendi que todas las referencias posteriores a
los orígenes remotos del bertsolarismo son deudoras del punto de
vista expuesto por Manuel Lekuona. Aporta Azurmendi algunas citas al respecto,
que pueden darnos una idea del tenor de las afirmaciones sobre los remotos
orígenes del bertsolarismo. Así, por ejemplo, se afirma
que Cantan todos los vascos; canta el pueblo entero
desde
las más lejanas épocas que la ciencia prehistórica
logra penetrar, el vasco da muestras de su actividad poética(6).
Otra formulación corriente de la misma tesis es la que afirma que
el bertsolarismo es tan antiguo como el euskara mismo(7). El contramito,
a su vez, tiene una considerable tradición entre nosotros. Por
una parte, la lista de quienes han manifestado su reticencia o incluso
su desprecio hacia el bertsolarismo es bien amplia y repleta de
nombres ilustres: Federico Krutwig, los aranistas, Carmelo Echegaray,
el mismo Orixe, o, más recientemente Luis Mari Mujika o Matias
Mujika, por no mencionar más que algunos de los más afamados.
El caso es
que, para cuando aparecen las primeras menciones documentadas del bertsolarismo
(hacia finales del siglo XVIII), éstas se refieren a él
como un fenómeno de considerable antigüedad y, lo que es más
importante, el bertsolarismo aparece en estas primeras citas como un fenómeno
de un alto grado de madurez en cuanto a las formas y con un arraigo social
fuera de toda duda, a juzgar por las referencias a los desafíos
de bertsolaris y a la transcendencia social que los bertsos compuestos
ad hoc parecen tener en la época. Luis Michelena,
distanciándose por igual de los dos extremos, afirma que
J.M. Leizaola
y otros estudiosos han mantenido también la misma opinión.
Azurmendi, por su parte, aporta en su trabajo dos citas del Fuero Viejo
de Vizcaya (puesto sobre el papel en 1452), que conviene tomar en consideración,
pues se trata, sin duda, de las citas más antiguas sobre el bertsolarismo,
y son prueba irrefutable de que, en fecha tan temprana como 1452, el bertsolarismo,
o algunas de sus manifestaciones, eran algo tan común y arraigado
como para merecer su prohibición expresa. Cita, en primer lugar,
el título 35, Ley VI:
Aparte de
estas plañideras, hay en el Fuero Viejo de Vizcaya
una segunda mención, aún más significativa, de la
improvisación cantada de la época. Es la que aparece en
el título 8, Ley I:
El Fuero
llama profazadas a estas mujeres que, con toda probabilidad,
pueden considerarse como antecesoras directas de los bertsolaris actuales. Con todo,
la realidad es que, en el caso de estas mujeres improvisadoras, apenas
podemos hacer otra cosa que constatar su existencia. Para encontrar un
corpus bertsolarístico de cierto relieve, hay que remontarse hasta
finales del siglo XVIII. El siglo XIX está mejor documentado, tanto
en cuanto nombres y datos biográficos como en cuanto a las piezas
conservadas. Sin embargo, se trata mayoritariamente de bertsos no improvisados
(bertsos escritos / bertso jarriak). Se sabe, por referencias,
que los bertsolaris que escribían estos bertsos acostumbraban también
a improvisar, pero el número de bertsos improvisados de que disponemos
es ciertamente escaso, y difícilmente puede decirse gran cosa sobre
las características del bertso improvisado. Sólo hacia mediados del siglo XX se generaliza el uso de las tecnologías de grabación, que permiten conservar y posteriormente transcribir fidedignamente los bertsos improvisados por los bertsolaris en sus actuaciones de plaza en plaza. Si bien suscribimos el punto de vista de Michelena, Leizaola y Azurmendi en cuanto a los orígenes del bertsolarismo improvisado, lo cierto es que, a la hora de investigar los modos de producción y el producto final de los bertsolaris improvisadores, sólo a partir de la década de los sesenta del siglo XX disponemos de un corpus de bertsos improvisados de cierta entidad. Lo anterior a dicha fecha es un compendio de fragmentos y anécdotas que difícilmente posibilitan una investigación cabal. Los bertsolaris considerados clásicos del bertsolarismo improvisado (Etxahun, Xenpelar y Bilintx en el siglo XIX; Kepa Enbeita, Txirrita, Pello Errota, Udarregi y otros a caballo entre el siglo XIX y el XX) fueron, según todos los indicios, grandes improvisadores, pero el estatus de que gozan dentro de la historia del bertsolarismo se debe, casi exclusivamente, a los bertsos escritos o dictados, pero, en todo caso, no improvisados que han llegado hasta nosotros. El hecho de que los bertsos que mayoritariamente componen el corpus creativo de estos bertsolaris clásicos sean conceptualmente orales (algunos de los bertsolaris clásicos citados no sabían escribir) no debe hacernos olvidar que, por su modo de producción, estos bertsos pertenecen a un género más afín a la literatura de cordel que al bertsolarismo improvisado. |